Este artículo fue originalmente publicado en: BBC Mundo

En algunas áreas remotas del sur de Malawi es tradición que las niñas tengan relaciones con un trabajador sexual de pago, conocido como “hiena”, una vez alcanzada la pubertad.

Los ancianos de los pueblos no consideran el acto una violación, sino un ritual de “limpieza”.

Sin embargo, tiene el potencial contrario, el de ser una vía para propagar enfermedades, según explica en el siguiente artículo el periodista de la BBC Ed Butler desde el país africano.

Me encuentro con Eric Aniva en el polvoriento patio de su rústica casa de tres cuartos en Nsanje, un distrito del sur de Malawi, mientras las cabras y las gallinas buscan comida entre la basura.

Luce una camisa verde y sucia, camina con una pronunciada cojera que sufre desde niño, según cuenta, y me saluda con entusiasmo.

Diría que le gusta la atención de la prensa.

Aniva es, a decir de todos los habitantes, la preeminente “hiena” de este pueblo.

El de “hiena” es un título tradicional que en varias áreas remotas del sur de Malawi se otorga a un hombre al que la comunidad paga para que lleve a cabo rituales de “limpieza” sexual.

En varios distritos, a este rito suelen tener que someterse mujeres que quedaron viudas o aquellas que sufrieron un aborto.

Sin embargo, aquí en Nsanje, son las adolescentes quienes, después de haber tenido su primera menstruación, deben tener relaciones sexuales con la “hiena” durante tres días.

Este ritual marca su paso de la infancia a la edad adulta.

Y en caso de que se nieguen a someterse a ello, se cree que su familia, incluso el poblado entero, podría caer en desgracia.
“La mayoría con las que dormí fueron niñas, niñas en edad escolar”, me reconoce Aniva.
“Algunas tienen tan solo 12 o 13 años, aunque yo las prefiero mayores”, dice.

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